JONAS

Vivir versus sobrevivir. No callarse, saber decir no, saber decir sí, recuperar el valor de la palabra, decir lo que es no lo que conviene ser. Palabras: Gabinete de publicidad del ego, defensoras de poses idiotas. Quiero palabras menos putas, palabras desde el fondo que respondan a un sentimiento, al menos a una aparente verdad. Me quedo con la música: Idioma universal, paraíso de los idiotas, vacía de palabras hasta que el hombre las cure.

jueves, 26 de julio de 2007

JONAS DEAN


Siempre me ha hecho sentir bien parecer otro. Es la ventaja que tiene no sentirse nadie ni nada, puedes elegir con qué personaje quedarte. Bueno, nunca soy James Bond, ni Indiana, ni nadie así. Me inclino más por personajes tímidos, confusos, atormentados… Ya sabéis… soy un idiota. Una vez estuve un buen rato haciendo del bueno de Cal en “Al Este del Edén”, pero me jodía tener siempre los hombros a la altura de las orejas.

INFANCIA


Salí de la infancia como se sale del primer taxi. Aturdido, un poco asustado, mirando hacia arriba, pagando, con la absoluta certeza de que te han engañado haciéndote dar más vueltas de las precisas.

miércoles, 25 de julio de 2007

DE GATOS Y DE HOMBRES


En esta ciudad los gatos fuman marihuana acostados en las azoteas. Miran la luna llena con ojos celestes de animal iluminado. Colocados de plata imploran al cielo una oportunidad. Abajo, más abajo, donde los tipos grises arrastran sus pies por aceras de plomo, el tiempo negro empapa de arrogancia las esquinas, se introduce en los cerebros, abduce voluntades, mata los sueños y ahoga asesino el bendito silencio. Los gatos recitan mantras antiguos, pintan sus pequeños corazones con grafittis sin aparente sentido. Son solo trozos de alma de dios. Colocados, enfermos de perplejidad, parecen pintados sobre el cielo gris que cubre la ciudad. Quieren escapar, horrorizados de asfalto, y solo fuman marihuana, fuman mirando a la luna. Volutas de humo blanco, como de un sacrificio, suben y suben, se pierden entre nubes. El universo, ajeno a sus pulmones, se expande sobre sus orejas.

lunes, 23 de julio de 2007

LA CIUDAD DEL TIEMPO MARRON




Entonces el Demonio del Engaño surgió de repente frente a nosotros y le miramos a los ojos y su mirada estaba llena de esperanza y en sus manos estaba el cofre donde dormían los deseos y los sueños, y el Demonio del Engaño abrió la caja y nuestras mentes se llenaron de ilusiones y fue cuando, como Cristos de aquel desierto, renunciamos a todo aquello que nos ofrecía porque de alguna forma sabíamos que esa era una de las armas más poderosas del mal.

lunes, 16 de julio de 2007

LA CIUDAD DEL DOLOR 2


Sabes que siempre he jugado con el dolor, que siempre me ha gustado acariciar su presencia inquietante. Pero lo que vivía en los viejos tiempos no era nada parecido a esto. Creo, llámame loco si quieres, que me acerco por fin a alguna verdad, a una respuesta absoluta lejos de los infantiles y triviales consuelos que ha inventado el hombre para poder seguir levantándose cada mañana.
No te inquietes por mí. Estoy bien, de veras. El barrio es amable, tranquilo. Emana dulzura, una especie de tierna atmósfera que todo lo empapa con pequeñas y constantes dosis de dolor. Es perfecto. Quiero a esta gente.
No sabes, no puedes saber, qué cosas extrañas ocurren en esta ciudad, en este barrio que parece tocado, como yo, por la mano del diablo. La gente se mueve lenta y pesada, como si arrastrase grandes fardos invisibles. Pero esto no les resta dignidad ni les da aspecto, al menos a mis ojos, de seres infrahumanos despojados de todo lo básico para la supervivencia del cuerpo y el espíritu. Muy al contrario, su manera de hablar, de gesticular, de moverse, de contar sus pequeñas y desgraciadas historias les dota de una peculiar grandeza que los hace tiernos a mis ojos.
Se afanan en la supervivencia diaria (He oído que en otras ciudades el alimento llega del cielo, al menos corre ese rumor. Yo no lo creo, aunque en estos tiempos extraños todo puede ser) aunque saben muy bien que es inútil, que nunca saldrán de la Calle Muerte y de sus alrededores. Ni siquiera les importa la marcha de sus míseros trabajos, de sus negocios, lo que ingresan o dejan de ingresar en sus cuentas corrientes. Podría decirse que saben que cumplen una importante misión y que el dolor forma parte de ella, por eso no se inmutan cuando día tras día las desgracias se suceden en sus vidas, como cuentas de un rosario maldito que simplemente dejan atrás con un movimiento de sus dedos cansados.

LA CIUDAD DEL DOLOR 1


Y Job me escribió:

En este momento contemplo mi vida como un maravilloso espectáculo. Observo, curioso y frío, como todo se deshace a nuestro alrededor, como si alguna fuerza sobrenatural se hubiese empeñado en despojarnos de todo. Ahora vivo en la Ciudad del Dolor, en un cuartucho miserable de la calle Muerte. Me la alquila Hassan, un moro de mala pinta pero de buena vista para los negocios.
Media calle es suya, o de su familia.
Hay una mezquita en la calle Muerte, y, aunque he oído que en otros lugares la gente ha perdido el interés por el sexo, en la Ciudad del Dolor no ha sido así y en esta calle de la Muerte hay putas, muchas putas desdentadas, redichas, rancias, insolentes, vestidas de colores, con faldas tan cortas que dejan ver sus bragas sucias.
Ahora escribo mis poemas y pinto mis cuadros arrullado por voces de chulos petulantes que se follan o pegan a sus chicas mientras niños sucios juegan en la calle.
Estoy enfermo, muy enfermo, pero no sientas lástima por mí. No le doy importancia alguna al dolor. Simplemente lo observo y después lo dejo estar. No me impide hacer nada, ni siquiera logra que me inmuten esos granos abultados que se esparcen por mi cuerpo y que supuran sangre y pus continuamente. Los miro con cierta complacencia, se diría que casi los mimo y luego, como si nada, como si un ángel me planchara el corazón, vuelvo a lo mío.
A veces paseo por los alrededores y me complazco en las miradas de asco o lastimeras que me lanzan los viandantes. Paseo por la calle Cenizo, por la Plaza de la Enfermedad, donde me siento en uno de sus gastados bancos de madera para mordisquear el resto de algún bocadillo.
A veces me aventuro más allá, hacia el Barrio de los Desesperados, incluso hasta la Avenida del Cáncer o hasta la Alameda del Odio, pero pronto decido volver sin prisas, dando pequeños pasos, ideando algún poema o trazando el fondo de alguna pintura que empieza a tomar forma en algún recoveco de mi mente.
Se escuchan rumores de que muy hacia el Norte, tras el muro de niebla, siguen existiendo otras ciudades donde hay rascacielos, barrios hermosos salpicados por ristras de bonitas casas con jardines cuidados, avenidas con nombres sonoros y desconocidos: La Avenida del Cielo, la Calle del Milagro, La Plaza de la Felicidad... Pero nadie del barrio ha estado en esos sitios improbables y, de todas formas, yo creo que no son más que chismes inciertos.
Creo que nada en el mundo es ya igual.

LA CIUDAD DE LOS MUERTOS


Me dirigí hacia el Norte. Pasé por el Barrio antiguo y recorrí sus calles estrechas rumbo al final de la Ciudad de los Muertos. Quería sentir de nuevo esa sensación extraña que se apoderaba de mí y de todos cada vez que nuestros cuerpos se aproximaban a la frontera. No vi casi a nadie. Solo a un grupo de niños jugando con un perro que parecía agotado y enfermo. También unos tipos cocinaban algo al aire libre, sentados en un portal. No había risas. Solo asaban algo sobre una hoguera que chisporroteaba azul bajo el cielo siempre gris.
Entonces, finalmente, frente al muro de niebla, llegó la sensación. Intenté que mi cerebro le ordenase a mis piernas seguir hacia delante, pero algo no funcionaba. Simplemente no era posible seguir. Aquello se había convertido para mí casi en una diversión, en una especie de macabro entretenimiento. Simplemente observar como mis miembros no me obedecían me hacía reír. Es una extraña sensación. Eres el mismo, la misma persona, estás sano, dispuesto, has recorrido una larga distancia a pie para llegar hasta allí, pero de pronto, simplemente, te paras. No ocurre nada, no hay ningún pensamiento en tu cabeza. Si acaso te dices que debes continuar, que es fácil, elemental, sencillo. No requiere un esfuerzo especial. Solo echar un pié, luego el otro. Andar. Simplemente andar. Pero no puedes.
Te quedas allí mirando la niebla densa que separa los dos lados del mundo. Es como un bloque opaco, un muro sedoso y gris. Entonces, después de unos minutos te vuelves. Tus piernas vuelven a obedecerte y regresas con una absurda sensación en el alma. Pero no te preguntas nada. No estás ansioso, ni te deprime la imposibilidad de salir de la Ciudad de los Muertos. Lo asumes, sabes que es así y que, probablemente, siempre será así.

REALIDAD?


Cuando no eres nada ni nadie, cuando tu vida ha dejado de tener sentido y el espíritu de lucha ha desaparecido de tu alma, adquieres la habilidad de simular ser lo que decidas. Puedes elegir qué conducta adoptar, qué patrones seguir. Es solo cinismo, una mutante forma de desesperación o una extraña forma de iluminación, y es realmente fácil porque ya no eres y todo fluye alocadamente cuando la existencia deja de tener importancia y sentido. La realidad te confunde, solo te confunde. Solo es un concepto, una excusa, un excipiente, un paisaje pintado en una pared. Recobrar la inconsciencia de un niño, su felicidad, es fácil si la vida termina por despojarte de todo. Puede que la felicidad consista en vivir en los arrabales de lo real, en dejar de aferrarse, dejar de desear. Matar conscientemente la ilusión y la esperanza, eliminar las palabras superfluas, casi todas. Dejar de amar, dejar de odiar, incluso dejar de sentir. La felicidad quizás solo pueda existir en ausencia del ego, en la ausencia de las emociones que no hay que intentar dominar, sino, sencillamente extirparlas, eliminarlas, asesinarlas. Que dejen de joder, que dejen de existir.

jueves, 12 de julio de 2007

LA CIUDAD DE LAS SOMBRAS







Una vez los músicos tocaron en la Avenida de los Francotiradores. Durante un breve periodo de tiempo no hubo balas ni muertos, al menos en aquella zona de la Ciudad de las Sombras. Les acompañó un día luminoso con un sol radiante brillando en el cielo azul. Esa vez eligieron el Concierto para cuerda en Sol mayor de Vivaldi.
Atacaron con fuerza. Presto. Los acordes se sucedían bañando las almas de los ciudadanos escondidos que esperaban el momento adecuado para salir, en una de esas cotidianas carreras suicidas, a por agua o en busca de algún alimento. Pero nadie quiso correr entonces. Al menos durante el tiempo en que los músicos llenaron de melodía el aire calmo que acariciaba los esqueletos de los edificios, la negra sombra de la muerte que se apoyaba en los desnudos troncos de los árboles.
Tampoco sonó ningún disparo desde las colinas cercanas. Dios había bajado del cielo esa mañana y paseaba disfrazado de acorde entre los demacrados rostros de los niños, por los muñones sucios de los heridos, entre los mudos recovecos de los sexos muertos y profanados de las mujeres jóvenes. Dios estableció una tregua que duró solo un tiempo, el tiempo de la vida, el tiempo de la esperanza. Y cuando llegó el Adagio la gente se acercó a los músicos que seguían tocando con las pupilas encendidas y algunos ojos se llenaron de lágrimas y aquellos acordes largos, aquellas notas simples y poderosas se apoderaron de sus almas y la esperanza brilló de nuevo en las miradas de los muertos vivos, de los asediados, de los masacrados. Y un paréntesis de paz brotó en la avenida de los asesinos y nadie de los presentes recordó ser tan feliz nunca como en aquellos instantes en que la música sonó desplazando el odio y la locura.
Más tarde el Allegro hizo brotar sonrisas y algunos tocaban palmas y otros llegaron a bailar, torpemente porque hacía mucho tiempo que no se bailaba en la Ciudad de las Sombras. Y ese baile era una promesa y una esperanza y un canto a la paz que habita más allá de los intereses y de los dioses. Y las distancias entre aquellos hombres se hicieron tan mínimas que casi no existían y el cielo pareció cercano y algunos volvieron a creer en ángeles, en sueños, en ademanes concretos, mínimos, cotidianos que expresaban humanidad, certeza, seguridad, amor.
Y al fin un retardando anunció el final y luego hubo un silencio denso, hermoso. Un silencio que solo puede habitar en los tiempos que se detienen, en los tiempos mudos que dan sentido a la música.
Y luego una bala atravesó el cerebro de un niño y la magia se durmió.

lunes, 9 de julio de 2007

DE MÚSICOS, BARES Y MUJERES








Era un bar como todos, un poco templo, un poco sucio, un poco todo, un poco nada. Se sentó en una esquina, esa mujer tocó su cuerpo, esa mujer besó su boca. Se deshizo en una luna plateada, ignoró el tiempo, se hizo uno con aquellos labios, se durmió en medio de una noche cálida, resucitó. Luego un ángel tocó su cuello, besó su nuca. Se hizo el silencio.
Solo Chet Baker, ese muerto de cara dulce, acompañó su alma a la búsqueda de aquel espejismo que se hizo puro y concreto. Se deshizo, se disolvió, se hizo uno con todo. El mundo le abrazó, él se abrazó.
La ciudad, entonces, se hizo cálida y hermosa.

EL ASESINO DEL AMOR




Yo era el asesino del amor, no más que un loco incendiario que quemaba todo lo bello y todo lo hermoso con la excusa de la búsqueda, con la excusa de que nada merecía la pena excepto encontrar una verdad última que le diese, al fin, serenidad a mi atormentada alma y sentido a mi vida.

HOSPITAL 5




Dejo a mamá sentada, llorosa. Me escondo en un recoveco junto a un ventanal. Observo que amanece, aunque está prohibido enciendo un cigarrillo, el humo rasga mi esófago, entra en mis pulmones, alivia momentáneamente la tensión. Amanece en la capital de los cuartos oscuros. La Bahía me enseña sus aguas tranquilas. Los coches se apelotonan sobre el puente. Es el día de los Hospitales, la noche de la ansiedad, el amanecer de los resucitados, de los reclamados, en el último segundo, por el Dios que ama el dolor sobre todas las cosas, por el inhumano Dios que reparte sufrimiento y muerte entre los hombres. La bondad divina no existe, son solo seis letras, el número del diablo.

HOSPITAL 4




- ¿Cómo estará tu padre? – Mamá preocupada. Mamá buscando con la mirada el rostro del viejo marino que respiraba fatigosamente sobre la cama –
- ¿Dónde estáis, porque me dejáis solo?
Comienza un furioso ataque de nervios. ¿Por qué está en esa cama? ¿Quién le ha traído a este Hospital? De repente soy un secuestrador, un hijo mal nacido, un ingrato, un hijo puta, un mierda. Mamá intenta calmarle, mira su cara, mira al techo, le susurra palabras de calma. No es posible, nada puede apaciguar la furia que siente. Se agita torpemente, golpea con su pie la barandilla metálica.
- ¡Me voy, me voy de aquí! – dice. Intenta levantarse, la aguja del gotero se desprende de su muñeca -
En la habitación hay al menos quince personas, todas las que caben. Nos miran espantados.
- Hay que callar a ese hombre – dice la mujer de oscuro –
Hace un calor sofocante, siento como la ansiedad se abre paso en mi mente, en mi cuerpo, se me adormece el brazo, la cabeza, comienzo a sudar frío, mi corazón es una pelota maciza que rueda en un cazo metálico. Papá consigue incorporarse. No tiene fuerzas, está débil, pero su estado le presta la energía suficiente para erguir su cuerpo desgarbado. Surge de la cama como Neptuno del fondo de un mar blanco de sábanas. Agita su brazo en el aire como un Quijote amputado, blande una espada invisible, lucha contra gigantes, llora, maldice, cae agotado para volver rodar sobre la cama en un intento de escapar de su prisión blanda.
Consigo retenerle, atrapo sus dos brazos con los míos. Entra una enfermera.
- ¿Qué pasa aquí?
No decimos nada, solo la miramos pedigüeños. Se hace cargo de la situación. Manda salir a todo el mundo.
- Un momento que aviso al médico de guardia.

HOSPITAL 3



Un par de chicas gordas embutidas en chándales azules parloteaban dejando asomar lágrimas que caían por sus mejillas rosadas y gruesas. A veces se abrazaban, soltaban pequeños gemidos, a veces gritos cortos que me sobresaltaban y que hacían que las enfermeras se acercasen pidiendo un silencio imposible.
Después hermanos, sobrinos, cuñadas, una trouppe de desesperados lamiendo con los ojos la puerta blanca, cada uno de aquellos tres números indolentes que definían el espacio donde alguien parecía morirse.
- Mi marido, ese de ahí, el de la cazadora marrón… tiene cáncer. Es de pulmón. No fuma, no bebe, es un hombre trabajador, más bueno que es mi Antonio… Y fíjate, tiene cáncer.
Era una de las hijas. Miraba con ojos tiernos a su esposo enfermo. Lo observé detenidamente. Tenía un rostro color ceniza, peinaba su corto y escaso cabello hacia delante. Orejas grandes, marcadas arrugas bajo sus pómulos delgados, una sombra de infinita tristeza en su mirada perdida en algún punto de la pared. Tenía las piernas cruzadas. Un pantalón azul, castellanos negros, calcetines blancos. Movía su pie izquierdo al compás de una música inaudible.
Su mujer le mandó un beso que rozó su perfil y se estrelló en un folio pegado con cinta adhesiva a la pared. Las siglas de un sindicato, una convocatoria de huelga, consignas revolucionarias pintadas en azul sobre un fondo blanco. Al lado una marquesa recibe una medalla, otra fotografía muestra una carga de la policía contra los trabajadores de Astilleros. A pie de foto: Así se celebra el día de Andalucía: Se premia al terrateniente, se carga contra el obrero.

HOSPITAL 2




Me dije que yo no me iría así de este mundo idiota. Mi muerte sería elegida. Yo decidiría cuando y como desaparecer. Pensé que necesitaba hacerlo en un entorno estéticamente adecuado, sin médicos vacunados contra el dolor, sin máquinas ni goteros ni agujas, sin enfermeras envueltas en un patético e hipócrita aire de familiaridad, sin ese olor repulsivo que envuelve todos los hospitales del mundo. Me rodearía de mi música favorita, de un buen vino, en un escenario amable y acogedor. Quizás eligiera una bonita casa en el campo, como aquella a la que fui con Tina poco antes de que nos separásemos. Recordé el olor a jazmín en el patio, a dama de noche, bajo un cielo estrellado, con el rumor del río acariciando mis oídos hastiados de mundo. Así sería mi muerte. Como un elefante malherido me retiraría discretamente para desaparecer sin estridencias, sin causar molestias innecesarias. Solo, voluntariamente solo, caminaría feliz hacia el fin de mi existencia en este mundo estúpido.

HOSPITAL 1




Pasan camas con niños. Sus pequeños brazos están horadados por agujas, un líquido blancuzco entra en sus cuerpos desde una bolsa transparente que se agita sobre sus cabezas sujeta a una barra de hierro. Algunos lloran, llaman a sus madres que caminan pegadas a las sábanas con expresión sombría.
Otros permanecen sumidos en una calma que me asusta. Solo abren sus ojos grandes de vez en cuando, escanean con aparente calma el mundo gris que se abre ante ellos, parecen no comprender qué les pasa, qué hacen allí, porqué sus madres también tiemblan y se convierten en desmadejadas figuras que caminan como fantasmas apretando con fuerza sus pequeñas manos. Era como si la perplejidad no les dejase mostrar ningún sentimiento concreto. Solo permanecían allí, tumbados, mirando al techo, suspirando profundamente de vez en cuando, sumergidos en su enfermedad, en su estado febril, en aquella inexplicable laxitud que me aturdía.

NEURÓTICO 2




Dispuse mis cosas ordenadamente sobre la mesa y sobre las estanterías. La calculadora, la grapadora y la taladradora de papel formaban un pequeño grupo de disciplinados comandos en el borde derecho del tablero. Los altavoces del ordenador guardaban, más o menos exactamente, la misma distancia desde los bordes de la impresora situada en el centro. La lámpara, encendida, justo en una esquina, derramando su haz alógeno entre el teclado y la pantalla. Dos libros (La peste y El Extranjero de Camus) rompían estudiadamente la armonía y reposaban inclinados sobre la superficie de la mesa. Finalmente decidí que todo estaba controlado, que nada escapaba a lo que debía ser, que mi estancia guardaba un exacto y prometedor equilibrio.

NEURÓTICO 1




Compré una mesa de un rojo agresivo y vivaz y una silla azul con pequeñas ruedas negras. Las instalé frente al ventanal de la pequeña sala, puse encima el ordenador, ordené libros, mis nuevos discos de Mozart, las carpetas con mis escritos. Cambié mil veces la disposición de los muebles. Primero hacía una composición, luego me alejaba, observaba de lejos el efecto. Me estorbaba algo, el pico de un pequeño arcón negro que sobresalía insolente, la inoportuna inclinación de una carpeta azul, la imperfecta alineación de los pequeños altavoces con el equipo hi-fi, el borde de una indisciplinada maceta que se escapaba de la línea que dibujaban las losas en el suelo de madera. Arreglaba el desorden, volvía a mirar, asentía o volvía a recomponer. Era un juego neurótico, un deseo de orden estricto, una forma de ordenar pensamientos utilizando aquella obsesiva geometría.

ANGEL 2




De alguna forma intuía un paralelismo entre mi existencia y la de aquellos condenados. Mi mundo también era negro y denso e inexplicable y absurdo. Mi mundo también parecía regido por la espada de un ángel bello y siniestro que me condenaba a la perplejidad, al castigo y a la locura.

ANGEL 1




A veces yo me sentía uno más de esos pobres tipos encerrados en el salón del viejo palacete. Me asombraba con ellos de esa desesperante e inexplicable sensación que les impedía retornar a sus vidas, volver a sus pequeños mundos burgueses, salir de aquella sellada y asfixiante sala. Sentía la rabia, sentía la vuelta de esos sentimientos primitivos que reaparecen cuando todas las cosas envueltas en simple hipocresía dejan de tener sentido y vuelve a imperar el toque de queda existencial, la criminal Ley de la selva de la vida.

LUNÁTICO 4




Salgo. Se cierra una puerta, me recibe un amanecer tibio. Ando hasta el puerto. El mar no se agita. Pienso que es extraño porque definitivamente el viento ha cambiado a levante y todo está envuelto en una densa y húmeda nube gris. No hay gaviotas, no se escucha su chirriante cantinela. Tampoco hay gente en las calles, no he visto movimiento en el mercado, quizás sea domingo o quizás es que la ciudad se ha muerto al fin.

LUNÁTICO 3




Me derramo al fin, me maldigo ebrio de nada, me sacudo la soledad, el exorcismo. Me subo mis pantalones, me bajo el alma a los pies, me desarma el enemigo, declaro que he perdido esta guerra.

LUNÁTICO 2





Imágenes fugaces: Botellas sobre la mesa, dos senos pardos rozando mi cara, una risa agitada, música moruna, mi pene erguido, una luz roja. Una presión blanda sobre mi vientre, gemidos, mi boca lamiendo pezones dedal, yo dentro de alguien que gime. Canto: As time goes by...

LUNÁTICO 1




Sexo – sauna. Sexo – nirvana. Sexo – ansiolítico. Sexo para no pensar, para ahogar el espíritu en el cuerpo, para depositar el dolor en alguien que te acoge sin saber que solo tiene entre sus brazos los despojos de un lunático.

domingo, 8 de julio de 2007

EL SENTIO DELAMÓ 2



En escena la cama solita. Una pareja de unos cuarenta y tantos habla cada uno desde un extremo sin que aparezcan todavía en escena.

El: Han devuelto el recibo del Vía Digital.
Ella: Pues que te den por el culo.
El: Vaya, qué elegante...
Ella: Así se acabará el fútbol en esta casa.
El: El fútbol no se acabará nunca...el fútbol es la vida querida mía...
Ella: ¿Se ha pagado la luz?
El: No había saldo.
Ella: Pues nos la van a cortar.
El: ¡A ver si tienen huevos!
Ella: Pues claro que lo tienen, ya lo han tenido dos veces...!qué chulo te pones!
El: ¡Así me hizo mi madre!

Aparece él en pijama, un pijama un tanto ridículo con un escudo del Madrid en la pechera. Bosteza aparatosamente, se tira un pedo.

Ella: (Entrando en escena) Hijo mío, pero que cerdo que eres...
El: Antes te reías.
Ella: Antes era antes y ahora es ahora.
El: Eso es porque estabas enamorada.
Ella: Lo que estaba es ciega...
El: Pues también podías haberte quedado muda.
Ella: Anda, acuéstate y cállate que contenta me tienes.

Se acuestan los dos, ella se pone a leer una revista, él lee el Marca.

El: (Meloso) Oye...
Ella: ¡No!
El: ¡Ya estamos! Que llevamos mas de un mes que...
Ella: ¡Qué de qué!
El: Pues eso que no...que no hacemos el amor...
Ella: Ja, ja, ja.... ¡qué gracioso! ¡Que no hacemos el amor! Tu no haces el amor hijo mío, tu haces el ridículo.
El: ¡Hombre!
Ella: ¿A qué le llamas tú hacer el amor? Además...qué amor ni qué amor si no me prestas atención en todo el día, si no me dices una cosa bonita, si me ignoras como si fuese un mueble... ¡Tu no sabes lo que es el amor!
El: ¿Ah sí, lista? ¿Y tú, tú sabes lo que es el amor?
Ella: (Soñadora) El amor es delicadeza, es locura, es un beso de improviso, una cena íntima, música suave, unas flores inesperadas, no un capullo encima que no deja de resoplar en los dos minutos y medio que tarda en hacerlo... (Irónica) Además estás tan excitante con ese pijama tan horroroso que llevas...
El: Eso no es el amor, eso es un anuncio de colonia, y ¿qué le pasa a mi pijama?
Ella: Pues que tu madre podría haberte regalado una suscripción al National Geographic en lugar de esa cosa ridícula, así sabrías de donde procede un esperpento como tú.
El: No te metas con mi madre.
Ella: ¡Cómo me engañaste!
El: Nunca te engañé...solo fui inexacto.
Ella: ¡Anda!
El: Yo no tengo la culpa de que las cosas me hayan salido mal.
Ella: Era bastante improbable que te salieran bien no dando ni golpe.
El: Bueno...¿pero qué tiene que ver el amor con mi capacidad laboral?
Ella: Pues que el amor no puede convivir con el desengaño y tu, hijo mío, me has desengañado del todo.
El: O sea que...nada de nada.
Ella: ¡A cascarla capullo!

Ella se da media vuelta, el, con cara de resignación se queda leyendo el Marca.
La escena queda a oscuras. Se oye roncar a él.
De pronto aparece una luz en el escenario.

Voz en off: ¡Mariano, Mariano!
El: (Despertándose asustado) ¿Qué, quién...!
Voz: Mariano, no te asustes, coño, soy yo...
El: ¿Pero quién eres tú?
Voz: Soy Ronaldo.
El: ¿Ronaldo...pero como? ¡Oh Dios mío...eres tú!
Voz: Sí Mariano, soy yo...y vengo a decirte que eres un capullo.

El cae de la cama y cae de rodillas.

El: Pero, pero mi señor...¿porqué me dices eso?
Voz: ¿Porqué tratas así a tu mujer Mariano, acaso no sabes amar?
El: Pero, señor, luz que me ilumina, si el amor no existe.
Voz: Entonces ¿porqué defiendo yo mis colores?
El: ¿Por dinero, mi señor?
Voz: No, inútil, por amor. Por el amor que todo lo puede y todo lo logra, por el amor que fluye en el Universo y le da vida y calor y lo alimenta con su luz trascendente y celestial...
El: ¡Anda ya! Es por dinero.
Voz: Bueno vale, es por dinero, pero el amor es importante, ¡muy importante en la vida!
El: Pero, (señalándole a Ella) ¿has visto cómo me trata?
Voz: Como te mereces. No tienes detalles hijo mío.
El: Estoy compungido mi señor, compungido y arruinado, ¿cómo voy a amar sino tengo un duro?
Voz: Debes amar en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.
El: Eso cuéntaselo a ella.
Voz: Si fueses más detallista, más amable, ella te querría y podrías follar digamos dos veces por semana.
El: ¿Podrían ser tres?
Voz: ¡Dos!
El: Vale, vale.... ¿Qué tengo que hacer mi señor?
Voz: Por la mañana, cuando se despierte regálale una rosa, una rosa roja y dile que es símbolo de tu amor. Después, esto es muy importante, dile cosas dulces, dale un beso, un beso en la boca apasionado, después dile que la quieres profundamente y que no podrías vivir sin ella. Luego te sientas y esperas.
El: ¿Y si no pasa nada?
Voz: ¡Oh incrédulo, acaso no crees en tu señor?
El: Oh, sí, sí, claro que creo. Pero señor...¿no será esto un sueño?
Voz: ¡Ah, hombre de poca fe!
El: Dame una prueba.
Voz: Vale.

Le cae un balonazo desde arriba que lo hace polvo.

El: ¡Joder!
Voz: ¡Ala, acuéstate Mariano! Que descanses.
El: Adios mi señor.
Voz: ¡Y no olvides lo que te he dicho!

Suena un ruido de trueno y a poder ser se ve el resplandor de un relámpago.

El: Joder, joder, joder... (Se acuesta)

Se apaga la luz. Duermen. Se hace de día y despiertan. El mira al cielo y se arrima a Ella lo más suavemente que sabe.

Ella: Déjame...

El le da besos.

Ella: Que me dejes, hombre...

El mira alrededor decepcionado. Sobre la mesilla hay una rosa roja. El mira hacia arriba sonriendo y agradecido.

El: Gracias señor.
Ella: ¿Qué dices?
El: Nada, nada...toma amor mío.
Ella: Tengo que hacerle el desayuno a los niños.
El: ¡Pero si no tenemos niños!
Ella: De todas formas voy a hacérselo...

Ella se levanta, se despereza, lo mira y se queda con los brazos en alto, en medio del desperezo, mirando la rosa.

Ella: ¿Y eso?
El: Una rosa
Ella: ¿Te has hecho del PSOE?
El: Es para ti.
Ella: Hombre, qué detalle.
El: Ven aquí amor mío...
Ella: Vas a llegar tarde a la oficina.
El: Hoy es domingo
Ella: ¿No habías quedado con Juan a las doce?
El: Todavía hay tiempo chatilla...

El se levanta y la abraza, la besa en la nuca.

El: Fosquito, bollicao, azúcar, chirimoya...
Ella: Pero ¿qué dices?
El: Te digo cosas dulces...
Ella: (Riendo) Anda, anda... (Mira el reloj y da un pequeño respingo)
El: ¿Qué pasa?
Ella: Que se te hace tarde...Ven...

Lo lleva a la cama, se tapan y hacen el amor cómica y ruidosamente.

El: ¿Te ha gustado, amor?
Ella: ¡Huy, mucho...! No sabes tu lo que me ha gustado...pero anda, vístete que se te hace tarde!

El se viste mirándola con aire de macho ibérico. Ella le sonríe sin dejar de mirar el reloj de vez en cuando.

El: Hasta luego amor...
Ella: Hasta luego Brad Pitt.

Ella vuelve a mirar el reloj, coge una caja del armario y entra al baño. Sale abrochándose una bata muy coqueta. Se asoma a la ventana y hace una señal sonriendo muy excitada. Pasan unos segundos y suena el timbre. Ella va a abrir entusiasmada.

Ella: Entra Jordi.

Entra Jordi y se echa en sus brazos. Se besan apasionadamente.

Ella: Creí que no se iba nunca el merluzo ese.
Jordi: No sabes lo larga que se me ha hecho la espera, cariño.
Ella: Yo sí que estaba impaciente, además Jordi hoy tengo un regalo para ti.

Se aleja juguetona y se abre la bata como en un sttrip-tease. Debajo aparece un camisón muy sexy con los colores del Barcelona.

Ella: Scolta tú...!Visca el Barsa!

Se besan apasionadamente mientras suena en Off la voz de Ronaldo.

Ronaldo: ¡Blasfemia, blasfemia...!

EL SENTIO DELAMÓ 1



Marco: Las tropas de Octavio ya están a las puertas de la ciudad, amor mío.
Cleo: ¡¿Combatirás cielo?
Marco: Sí, gacela mía, soy un soldado, un soldado romano, lucharé por Roma y por nuestro amor como un valiente.
Cleo: ¿Y a qué hora piensas regresar, cari?
Marco: ¡La batalla está ganada! En un par de horas las tropas de Cesar dejarán de ser un peligro y su cabeza colgará de la punta de mi lanza.
Cleo: ¡Hijo, qué desagradable!
Marco: Así es la guerra pichón mío.
Cleo: Oye Marco incomparable...
Marco: Dime, paloma.
Cleo: ¿Y si perdieras la batalla?
Marco: ¡Eso es imposible!
Cleo: Ya, pero... ¿y si la perdieras?
Marco: Hundiré primero mi espada en tu corazón y después atravesaré mi estómago con la misma precisión de un cirujano belga, duna del desierto..
Cleo: ¿De verdad harías eso azúcar mío?
Marco: ¡Lo juro con la mano en mis testículos, tórtola del Nilo!
Cleo: Pues anda, marcha a la guerra, que cuanto antes empieces antes terminas, luciérnaga con faldas.
Marco: Parto pues.
Cleo: Eso, eso, parte Marco
Marco: Adiós, paladín a la taza.
Se va Marco y Cleo queda mirando por una ventana.
Cleo: (Llamando a una criada) ¡Aspirina, Aspirina!
(Entra la doncella Aspirina)
Aspi: Decidme señora.
Cleo: Oye Aspirina, me marcho, guarda mis cosas en el baúl grande.
Aspi: ¿Marcháis para mucho tiempo, señora?
Cleo: No sé... hasta que Octavio se calme supongo... ese si es un tío... fíjate que paliza le ha dado a las tropas de Marco (se asoman a la ventana)
Aspi: ¡Huy! pues sí, están cortando cabezas que da gusto...
Cleo: (Dando un respingo y mirando al suelo) Oye Aspirina...
Aspi: Decidme señora.
Cleo: ¿Esto que he pisado es una serpiente?
Aspi: Yo diría que sí, señora.
Cleo: Pues anda, no recojas nada que la hemos cagao.
Aspi: ¡Ay, señora, es que tiene Ud. un despiste!
Muere Cleopatra.

CALOR



Desde París a Afganistán.
Por Estambul y Bangla Desh
En arrozales de Vietnam
y por los bares de Lavapiés,
Por los portales de Nazareth.
En el infierno te buscaré.

Desde Granada hasta Dakar.
En la Pedrera de Gaudí.
En las cabilas de Sudán
y en el “Valla” de Valladolid.
Por los suburbios de Bucarest.
Por todas partes te buscaré.

Calor, calor, mucho calor, y no hay quien te encuentre. Castigo de dios.
Calor, calor, cuanto calor, y no hay quien te encuentre. ¡Maldita obsesión!

Por ti peinaré las aceras
y haré que me quieras, maldita mujer.
Por ti naufragó mi patera
cruzando el estrecho donde te canté,
donde te besé.

Calor, calor, mucho calor, y no hay quien te encuentre. Castigo de dios.
Calor, calor, cuanto calor, y no hay quien te encuentre. ¡Maldita obsesión!

Por las laderas del Mont Blanc.
En Shangri-La y en Tombuctú.
Por el espacio sideral
y por los bares del Sur.
Entre la quinta y la veintitrés.
Por todas partes te buscaré.

Calor, calor, mucho calor, y no hay quien te encuentre. Castigo de dios.
Calor, calor, cuanto calor, y no hay quien te encuentre. ¡Maldita obsesión!

YO QUIERO MATAR AL GUIONISTA DE MI VIDA



Mi vida es una novela que no se acaba,
El Conde de Montecristo, la Guerra y Paz.
La Dama de las Camelias, la Biblia en pasta.
Y es que mi vida es tan de mentira
como un buen polvo de Peter Pan.
Mi vida es como la miel de Caperucita,
La casa de chocolate o el Taj Mahal.
Un gran monumento idiota a las cervecitas
Que tomo siempre cuando me pica
La mosca loca de la ansiedad.

Yo quiero matar al guionista de mi vida
O al menos hacerle sufrir un poquito no más.
Que sufra una buena paliza, un secuestro del IRA
Y que no delire a costa de mi soledad.
Sí, sí, sí, sí, yo lo quiero matar.
Sí, sí, sí, sí, yo lo quiero matar
Y que me encuentre una historia decente
su estúpida mente o me deje en paz.

Mi vida es una película de Fellini,
El cuadro con el careto del Dorian Gray,
La cabra que un bruto tira de un campanario,
Una joroba de un dromedario,
La trampa de quien hizo la ley.

viernes, 6 de julio de 2007

BLUES IN LOVE (PA MI NIÑA JAPONESA)




No hay gomina en mis pupilas
esta noche en que la vida me sonríe
no hay asomo de palomas que se caguen
en mi hombro y me vacilen.
No hay moscas en mi cubata
ni pestillos en tu falda
que el fantasma del fracaso se piró
pa echarse un trago de cianuro en el café.

No hay canciones esta noche
que me traigan un recuerdo condenao,
ni mi mente está jodiendo,
la moviola del recuerdo se ha parao.
No hay asomo de borrascas en el mapa de tu espalda
y luce el sol esta noche en que la vida no es más que el roce de tus pies.

Hago palmas con mi alma, de tus labios fluye el karma
que construye la pared
que separa los silencios del rugido de los besos,
el mañana del ayer.
Y fabricas barricadas contra el tedio y las polladas
que nos joden el amor
haciendo que fluya vida entre tú y yo.

Y me miro en los espejos, tú tan niña, yo tan viejo
que he hecho para merecer
escalarte, devorarte, renacer del disparate, en mi vida quédate.
mientras dure lo que dure esa cosa que nos une, eso que llaman amor
haré que fluya la vida entre tú y yo.


Yo que me tragué miradas
con trocitos de bromuro en el sillón
donde duermen los idiotas
que se apagan siendo amantes de cartón.
Yo que fui tahúr macarra, el minero que la palma,
me enrollé con la más linda del saloon.

PENSAMIENTOS DE UN IDIOTA



Desdobló tanto su personalidad que, al romperse, apareció quién era.

Una relación entre concejales: ¿es edílica?

Uno es capaz de negar lo evidente con tal de sentirse mal.

Es posible que los borrachos digan siempre la verdad. Lo que resulta imposible es que la escuchen.

La forma en que muere un hombre muestra lo que realmente ha aprendido en la vida: Por lo general nada.

Cuando el miedo muere nace el hombre.

Es la mala calidad de los refrescos lo que me ha empujado al alcohol

La palabra es el gabinete de publicidad del ego

Me encanta que me ignoren con una sonrisa

Querer es podar (dicen los jardineros)

Lo que ocurre en esta discoteca es una conjunción cómica

Democracia: ¿Es la dictadura de muchos?

¿Por qué en el mejor sistema de gobierno conocido nos puede gobernar cualquier imbécil?

¿Por qué no hay exámenes de capacitación para alcaldes y concejales?

Todos los votos tienen el mismo valor. Qué idiotez.

Lo que estropea al bogavante es el arroz

Es tremendo que podamos continuar almorzando mientras nos muestran un catálogo de cadáveres

Estamos sometidos a la digitalización, en consecuencia a la desensibilización.

El hombre ignorante solo puede construir desde el placer.

¿Encuentran los santos placer en el dolor?

La mayoría de la gente que me gusta es de un sexo que no me interesa

Llora, pero sin dramatizar

Solo soy un personaje de fricción

La experiencia suele ser la certificación del fracaso

Tómate otro chupo de tequila y dime que me quieres

Enamorarse es el vano intento de poseer la belleza que intuimos en el otro

No hay datos suficientes para creer en la muerte

El sentido del humor es el antídoto contra la inteligencia

jueves, 5 de julio de 2007

MANAGERS




El señor Gris es un magnífico manager. No se tira pedos en las comidas, apenas si escupe, lleva con dignidad su traje y su coleta.
El señor Negro, su socio, es corto, pálido por dentro. Conduce un coche que le queda grande.
Les vi en Chamberí merendando adolescentes. Los tipos se relamían.
Conozco a un chaval que hace canciones. Es prácticamente imbécil, pero hace bien lo suyo.
El mundo para él es un juguete, no un pedazo de cósmica mierda. Lo hace, lo deshace, le canta como a sus plantas de maría.
Luego llegó la conjunción, el dislate, el éxtasis.
Gris, Negro y el chaval imbécil se dieron la mano en el mesón donostiarra. Había jugadores de fútbol cerca, un torero se rascaba la entrepierna.
Y el chico, que se creyó Dylan, esnifó por un rato el Madrid más denso mientras calentaba trozos de buey en un plato de barro.
Luego el tiempo hizo el resto.
Griz y Negro untan panecillos con foie.
El chico recita mantras.
A veces piensa en como hacer para que parezca un accidente.

LA MADRE DE BAMBI HA MUERTO


La madre de Bambi ha muerto, me dijo entre lágrimas.
Y yo comprendí que era idiota, por eso me gustaba.
Lamí su cuerpo desganado por la tristeza
hice cabriolas con mi tonta forma de ser,
me colgué de un seno, derrapé en un muslo depilado.
Y todo fue rubio y nuevo en aquella noche de gatos.
Hice el amor como un bestia y Walt, congelado, se estremeció en su nevera.
Luego creció y dejé de gustarle.
Ella cantaba en un grupo pop y yo era su gruppie.
Vendía chapas amarillas en un tenderete mugriento.
El ciervo murió de cáncer en un prado de Yellostown,
ella se dio a la comida y al sexo. Vomitaba versos de la Joplin en los garitos de la ciudad más fea del mundo.
Finalmente tiró el Kleneex. Se deshizo entre tortas y sartenes.
Yo vivo ahora en Chicago, salgo poco, bebo mucho.
Leo a Boukowski y nunca pregunto nada a una chica.

PLAFF


Mientras caía del séptimo piso:
Nada
Dos que se lamen
Tristeza
Una señora que limpia
Mocos
Dios en un quirófano
Una abeja en el oído
Un verso escrito en el borde de un vaso
Tres bocas abiertas
Una sonrisa
Un Cristo
Un Buda
Lennon
Auster
Camus
Una niña lánguida, rubia
Trenzas
Un pez en un sombrero
Un tren
Un cerdo
Varios cerdos
Un taxi
Crash
Sangre
Cerveza
Mi niña japonesa
Uff
Plaff
Ya!!

MARTINI


Una chica agita su melena. Es delgada, alta, pija, tibia, quieta.
Yo y mi martini saludamos rotos de aburrimiento.
Recibimos un stop, una agria cosa, un suspiro-lamento.
Imagino un mundo sin hielo ni alcohol
Un mundo de tibias niñas pijas agitando sus melenas al viento.
Imagino un vómito del viento. Imagino a Dios asando costillas, parando la producción de hombres-botijo.
Me vuelvo a la barra, pido otra de esas cosas dulces y blancas.
Sueño un paraíso. Soy un ángel sin sexo o puede que un sexo sin ángel. Agito una espada y corto melenas.
El camarero sonríe. He derramado la copa sobre mis pies.
Suena Ricki Martin.
Me llenan. Suspiro. Me vuelvo.